53

¡Hola nuevamente!

Estos días que estuvimos tratando el tema de la observación me recordaron un escrito de hace un par de años que, valga la redundancia, escribí cuando vivía en Capital. Aquellos años viajar en colectivo y determinados recorridos eran de lo mas común, pero mas allá de lo rutinario aquello tenia su gustito; cada viaje significaba descubrimientos, eso si, si se disponían a ello los sentidos. 

Vuelvo de la facultad.

El 53 suele ir lleno, con suerte consigo un asiento libre desde que me subo hasta que me bajo o ,al menos, por un rato del viaje. 

Pero poco me importa, sentada o parada siempre termino igual, observando. Observando queriendo desentrañar.

Los que ya estaban, los que se suben, los que caminan las veredas o cruzan las calles, aquellos en algún balcón o detrás de alguna ventana. 

Caras serias, cansadas, preocupadas, opacas. 
Caras distendidas, sonrientes, radiantes. 

También escucho. 
Saludos, quejas, chismes, discusiones, suspiros, risas.

Pero no solo observo personas. Por la ventana veo pasar edificios, arboles, pedazos de cielo que aparecen y desaparecen. 

...

Al doblar en Calazanz me preparo para bajar en Rosario. Camino hasta Rivadavia. A veces agarro por Parral y paso por el puente sobre las vías, otras agarro por Hidalgo. 

No puedo dejar de observar, de querer retener lo visto eternamente en mi memoria. Siempre hay nuevas personas y nunca esta todo igual.
Son los detalles lo que hacen el recorrido siempre diferente, siempre especial. 

Hoy, por ejemplo, vi pintado un mural donde hasta ayer había una pared blanca. Y en la vereda había un nene juntando las hojas de los arboles y una pareja tomada de las manos que nunca antes había visto. Y la señora que me sonrió al dejarla pasar tampoco la conocía. Y el hombre del café ayer no estaba. ¡Qué lindo fue contemplar esas dos hojas atravesar el aire delicadamente y en forma de espiral desde la rama de la que se desprendieron hasta el suelo!

Y todo esto fue hoy. Ayer vi cosas que anteayer no había visto y mañana veré las cosas del mañana, ¡qué ilusión!. 

Estoy a pocas cuadras de "la resi" y se me llenan los ojos de lagrimas (algo no tan inusual últimamente). Es la hermosura, la maravilla, la emoción, la alegría de todo lo que me rodea, de todo lo que eso me hace  sentir.

¡Qué instante!¡qué pase lentamente para poderlo apreciar!, pero es imposible retenerlo, como al agua entre las manos. Y quizás sea esa fugacidad lo que lo hace impactante, adictivo. 

...


Ya me emociona lo que me pueda encontrar mañana. 


Una simple descripción de lo cotidiano, que la ida y vuelta a "la resi" en el 53 me enseñaron a disfrutar. 

Comentarios

  1. Muy buen relato de tu viaje en colectivo María Jose! Este tipo de ejercicio se realiza mucho entre los artistas performáticos, observar, anotar y sacar fotos acerca de un recorrido o "deriva". El poder de observación se debe ejercitar en todas las profesiones, en la nuestra es sumamente útil cuando conocemos y vamos vinculándonos con las familias que se acercan a nosotros. Cariños!

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